26 marzo, 2011

“ZAMPADERAS” AL ESTADIO DURANTE LOS AÑOS ‘70s



ZAMPADERAS” AL ESTADIO DURANTE LOS AÑOS ‘70s

POR: EDUARDO QUEVEDO SERRANO

 Ni orgullo ni contrición.
Se crece con el sello de nuestra propia realidad” (eqs)


Chimbote-Perú
Los años ‘70s fueron otros tiempos. Chimbote era el Primer Puerto Pesquero del Mundo, y sus días eran siempre soleados. Nuestro puerto exportaba música a todas partes, y las baladas empezaban a bailarse “pegaditas” (...y no como los boleros). Los cerros pétreos de Chimbote eran amables, y cuando desde las barriadas gritabas “¡hola!”, los cerros te devolvían el saludo en la forma de un eco. Nuestro deporte era competitivo a nivel nacional, y los domingos íbamos al Estadio para ver al Gálvez que había traído el futbol profesional a Chimbote.

En esa década el futbol confirma su condición de “pasión de multitudes”, y fue el punto central en la agenda dominguera de nuestra cultura popular.

En 1970 el José Gálvez FBC campeona en la liga de Chimbote. En 1971 avanzó triunfalmente en la Copa Perú e ingresó a la profesional. Se mantuvo en este nivel por tres años consecutivos, y en 1973 perdió la categoría. A su regreso a la liga local, vuelven a cobrar vigencia los legendarios clásicos porteños entre el Gálvez y el Deportivo Siderperú. Y se protagonizan también grandes partidos con el San Cristóbal de Moro, Cultural Casma, América de Samanco, Deportivo Copes de Coishco, y Sport Ancash de Huaraz.

Los años ‘70s fueron indudablemente otros tiempos. Y los mayores de hoy, entonces fuimos los “chibolos” del ayer, “chibolos” que vivimos con intensidad las jornadas futboleras de aquella década.

Recuerdo que Chimbote tenía un grupo demográfico amplio de gentes que domingo a domingo gustaba ir al estadio...pero que no siempre tenía dinero para comprar sus entradas, y bueno... debo confesar que yo era un partícipe habitual de este grupo. De tal suerte que había que ser muy “creativos” a fin encontrar maneras alternativas para ver los partidos. Algunas de estas maneras eran lícitas, pero habían otras que no lo eran tanto.

Reconstrucción del Estadio después del terremoto del
31/05/1970 (Foto: Cortesía de Miguel Koo Chía)
En 1970 el estadio fue destruido por el terremoto del 31 de mayo, y los partidos se jugaron “a puertas abiertas”... o mejor dicho no había puertas, así que todos éramos bienvenidos al estadio. En el primer semestre de 1971 se terminó la reconstrucción del estadio, y empezaron a llegar a Chimbote los grandes equipos de la profesional.

Durante los años 1971 y 1972 yo entraba al estadio bajo la modalidad denominada “entrar con un señor”; consistente en que un adulto compraba su entrada, y podía hacer ingresar gratuitamente a un niño no mayor de 11 ó 12 años de edad. Los niños nos apostábamos cerca de las puertas de entrada, y estudiábamos las caras de los adultos, cuando veíamos “un cara de buena gente”, lo cogíamos del brazo y le decíamos: “Señor, hágame entrar pe”, y por lo general los adultos ayudaban de buen agrado.

Fue de esta manera como, por ejemplo, en 1971 por primera vez vi jugar a la “U”. Yo tenía 10 años de edad y el corazón se me rompía entre mis dos equipos favoritos: El equipo de la Franja Roja y el equipo crema (la “U”) Aquel día arribó a Chimbote el mítico Carlos “Pocho” Landa (jefe y fundador de la barra “Dale U”) y con él llegó  un bullicioso grupo de barristas de Lima. Y yo me senté con ellos mayormente, creo, porque la barra crema tenía a unas chicas rubias buenasmozas vestidas con minifaldas.

Estadio Vivero Forestal de Chimbote, 1971.
(Foto: Cortesía de Miguel Koo Chía)
De esos tiempos, otra modalidad de ingreso al estadio era “La Segundilla”. Consistía en los 15 minutos finales de los partidos de futbol. Las puertas se abrían, y la gente que no había tenido dinero para comprar su boleto, entraba gratis a mirar el último cuarto de hora. Fue una modalidad muy popular, y también el último recurso para “ganarse alguito” de lo que acontecía en el interior del viejo Estadio Vivero Forestal.

Hacia 1973 yo estaba en camino a cumplir los trece años de edad, y ya estaba demasiado grandecito como para intentar la modalidad de “entrar con un señor”, pero de todas maneras perseveraba. A veces “ligaba” y a veces no. 1973 fue el último año del Gálvez en la profesional, y para los “chibolos” de mi generación fue un año de “iniciación” en otras modalidades más intrépidas (y menos santas) de ingreso al estadio.

Así es como llega la modalidad del “escalamiento” en sus diferentes variantes, y todas con algo en común: trepar las paredes del estadio. Yo, junto a mis hermanos y otros muchachos del barrio llevábamos una soga con nudos, y escalábamos los altos muros del estadio (especialmente la pared sur) Nuestro persistente “trabajo” de cada domingo había erosionado los muros y creado unos huecos que facilitaban el ascenso. Una vez arriba, podías quedarte sentado en lo alto de la pared, o descolgarte hacia el interior del recinto deportivo.

Tribuna Norte del Coliseo Paul Harris (Años ‘70s)
Otra modalidad era pagar una cantidad mínima, e ingresar al Coliseo Paul Harris (donde se disputaban partidos de voley o baloncesto) Una vez adentro, a través de la tribuna grande (sur) se accedía al pico alto de la pared que termina en punta. Y desde este “pico” se observaba los partidos en el vecino estadio. Sin embargo, acá las “localidades” eran limitadas, pues la punta de esa pared no tenía mucha “capacidad de asiento”. Así que quienes gustaban de esta ubicación tenían que hacerse de una “localidad” con varias horas de anticipación.

Las paredes del Coliseo Paul Harris, “ofrecían” también otra modalidad, un tanto suicida pero no por ello menos frecuentada. La pared oeste del coliseo era paralela a la pared este del estadio. Las separaban una distancia de un paso... o un salto. Y ambas paredes tenían una altura de vértigo. Antes del salto, la recomendación siempre era: “No mires abajo”.

Ahora bien, todas estas formas de escalamiento tenían un enemigo mortal, que no fue la altura precisamente, si no “Barrabás”.

“Barrabás” fue un personaje del Chimbote de los ‘70s (y los ‘80s) que en forma voluntariosa se ofrecía a mantener en raya a los “zampones”. Con correa en mano vigilaba las paredes del estadio, y muchos “chibolos” de los ‘70s saboreamos de su efectividad. Era moreno, de unos 40 años de edad, de cabello ensortijado y barba crecida, mas amigo del alcohol que del buen aseo. Y un dato adicional, su celosa (y acomedida) vigilancia no era del todo cívica: si le soltabas un “sencillo”, se hacía de la vista gorda.   

Pared Este del Estadio Vivero Forestal (Años ‘70s)
Volviendo a la soga con nudos (y al escalamiento), hay algo que debemos mencionar para beneficio de los lectores que gustan de los detalles. Si estabas sentado en lo alto de una pared, y sentías hambre, entonces la soga con nudos “brindaba” una ayuda extra. Las “tías causeras” no descuidaban a sus clientes, y de rato en rato se daban sus vueltas alrededor de las paredes, entonces la soga con nudos bajaba el dinero y subía la rica causa.

A este punto del relato algunos lectores deben estar preguntándose, ¿Y no había policías en el estadio? Sin duda sí los había, y muchas veces tuvimos que saltar desde lo alto de la pared hacia afuera, o hacia adentro del estadio, dependiendo de cual lado llegaba la “tombería”, y desde luego no faltaron algunas palizas menores también, pero eso eran gajes del oficio. Igualmente ayudaba bastante que a los policías les gustaba mirar el futbol tanto como a nosotros, así que cada uno lo disfrutaba a su manera.

Estadio Chimbote, Coliseo Paul Harris, y alrededores
(Fuente: © 2011 Google. Cortesía de Miguel Koo Chía)
A mediados de los ‘70s se apertura para mi una nueva modalidad de como ver los partidos. Durante mis estudios secundarios en la GUE San Pedro de Chimbote conocí a Martha Ortiz Ortega, ella era una gran amiga que vivía frente al estadio, en la esquina del Jr. Villavicencio con el pasaje Unanue. La familia de Martha, así como todos los vecinos colindantes con el estadio habían acondicionado “altillos” (estructuras de madera) elevados sobre sus techos, y alquilaban estas “localidades” a precio módico. De tal suerte que un día Martha me dice, “Quevedito, en lugar de que estés trepando con tu soga, vente a mi casa los domingos y yo te voy a dejar ver los partidos”. Así que desde entonces visité a Martha con regularidad.

Ahora bien, si la pregunta es ¿alguna vez en los años 70 pagué mi entrada? La respuesta es: claro que si (...pero no siempre) Además, durante la segunda mitad de los ‘70s en mi casa persuadimos a mi padre de que no todo podía ser trabajo, de tal suerte que él empieza a visitar esa “cosa” llamada Estadio Vivero Forestal, y con él entramos por la puerta correcta. Y si la pregunta es ¿Hay algunos recuerdos de esta parte de los ‘70s? La respuesta es: desde luego.

Por ejemplo, recuerdo un disputado clásico Gálvez-Siderperú donde el delantero siderúrgico Hernán “Mono” Capurro le rompió la pierna al back central galvista José Ormeño. En otro acalorado clásico, el volante naranja Rodomiro Del Solar fue expulsado del terreno de juego, y en una actitud insólita atacó con un tacle al árbitro del partido. El juez de línea, don Marcos LLempén, acudió en ayuda de su colega y hundió el palo del banderín de corner en el bajo vientre de Rodomiro Del Solar, quien fue retirado por la policía, y posteriormente suspendido para jugar el futbol por muchos meses.

Viviendas vecinas al Estadio Chimbote
(Foto: Cortesía de Miguel Koo Chía)
Desde las alturas de las paredes del estadio o la casa de Martha, recuerdo haber visto la parafernalia de los inolvidables clásicos porteños en todo su esplendor. Don Teodosio Príncipe Herrera, el legendario “Cojo Talara” al frente de la barra galvista en la tribuna este. Desde acá, notas del pasodoble taurino “El Gato Montés”, arrancadas (mas que interpretadas) en un solo de trompeta, recibía la entrada del Deportivo Siderperú al terreno de juego (*). El “Cojo Talara” en lo alto de la tribuna parodiaba una corrida taurina usando cuernos de toro pintados color naranja. Gritos de “¡Olé!” por todas partes. Detonantes pirotécnicos al aire. La barra naranja, desde la popular norte y la preferencial, no se amilanaba, y respondía a los agravios de los “carniceros” (galvistas)(* para beneficio de los lectores fuera de Chimbote diremos que los galvistas siempre llamaron “cachudos” a los siderúrgicos, por razones que no es del caso explicar acá)

Desde entonces a la fecha, varias décadas han pasado. Y es invierno acá en New Hampshire cuando escribo estas líneas. Como en cada invierno subo al techo de mi casa para limpiar la nieve. Laboriosamente trepo cada peldaño de la escalera, y me viene a la mente la soga con nudos de este relato. Inevitable viene el pensamiento: efectivamente... los años ‘70s fueron otros tiempos.

p.d.: Mi hija Dorothy Elsa (de 12 años de edad) leerá estas líneas, y va a preguntarme por las travesuras que hice en Chimbote a su misma edad, y voy a necesitar respuestas. Se aceptan sugerencias y ...comentarios. 

New Hampshire, USA
Marzo 2011

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25 comentarios:

  1. Estimado Ed:
    Esta nueva crónica (brillante), es un conjunto de relatos que agrupas con tu acostumbrado talento y las brindas para el deleite de tus lectores, en esta nueva oportunidad debo confesar mi directa participación en las "modalidades" para ingresar al estadio que bien reseñas, sin pagar dicha entrada.
    Cuando no vendía mis bebidas en el recinto, accedía de manera "suicida", trepando aquella pared del coliseo Paul Harris, paralela a la del estadio, eran épocas ágiles, tanto de pensamiento como de actuar.
    Recuerdo también, que mas de una vez, "tus colegas" de soga, fueron interceptados por los policías, aquí mucho tenía que ver el carácter de las fuerzss del orden, hubo alguno severo que se llevó en decomiso la soga y hubo quien, invitó (o mas bien obligó) a ser valientes y a "tirarse" literalmente al interior del estadio.
    A Dorothy, debes decirle que tiene diversos privilegios, de poseer padres maravillosos, de nacer en una época con mejor estado de bienestar y de nutrirse de estos párrafos que narran las peripecias de un padre para conseguir sus anhelos.
    Yo también tengo el privilegio de tu amistad.
    Motta.

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  2. Bueno amigo “Chato” tu sabes que no me gusta el futbol mucho, pero de la manera que narras todas esas vivencias estoy empezando a disfrutarlo de alguna manera. Y me parece que cuentas mi propia historia ya que yo solo iba al estadio a vender marcianos para tener billete para luego ir al cine, y viví de alguna manera ese sentimiento de la gente hacia ese hermoso deporte.

    Y por lo de tu hija solo tienes que decirle que converse conmigo que yo le contaré algunas anéctodas vividas en nuestra niñez, un abrazo mi buen amigo.
    Noel

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  3. Víctor Raúl Arellano Salazar26 de marzo de 2011, 16:42

    Eduardo:
    Todo recuerdo es una vivencia y cuando estos son gratos es doble la satisfacción de contarlos. Todos de alguna forma hemos usado las modalidades de ingreso a un estadio que tu narras.
    Se que tus lectores coetáneos asi lo sienten y expresan, y con orgullo dirán: yo también me zampé. Término que es de uso poco frecuente pero que es castizo y además onomatopéyico pues su raiz es el sonido de clavar una estaca en la tierra, o sea un ingreso abrupto, inconsulto, apresurado para no ser visto, en fin si querías ver al equipo de tus amores -CHIMBOTE ES GALVEZ- y no había para la entrada tenías que hacerlo así.
    A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César; si había para pagar ibas con César, y si no entrabas diciéndote para tus adentros que Dios se lo pague por qué yo, no!
    Que decir de los techos y paredes aledañas, clásicos a lo largo de la costa, y en la sierra los cerros son los palcos oficiales, en fin ver futbol es cuestión de ingenio sano como el vivido en los setenta.

    Dorothy Elsa debe saber que en nuestras épocas estas formas no convencionales de lograr algo, eran sanas, sin ninguna mala intención, era la manera de vivir la noticia ante la falta de medios inmediatos, y sin costo. Además todos se conocían y se sabía donde vivías, que labores u oficios tenían los padres y por que camino iban los hijos. Una continuidad de formación e información que hoy poco se ve, era un "face to face" y en esas circusntancias la verdad era la verdad y los compromisos se asumían como tales. En fin, eran otros tiempos...pero... de todas formas bienvenidos los nuevos.
    Tu amigo,
    V.R. Arellano Salazar

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  4. Marco Antonio Arroyo Benites28 de marzo de 2011, 04:53

    Amigo ED :
     “Zampaderas”, no te equivocaste de nombre para tu articulo y no te has olvidado de nada, asi DE NADA. Yo vi todo lo que cuentas, asi de cierto y arriesgadas eran las zampaderas. Una en particular: era normal ver cuando un policia caminaba por la pared haciendo equilibrio con su palo y los zampones iban cayendo en cadena uno por uno, la gente se mataba de la risa.

    Leerte me transporta a esos años y como siempre te digo, es como ver una pelicula, y me digo, las nuevas generaciones deberían de saber esto, fueron epocas de oro.

    En un articulo pasado te estrenaste como productor de video (ja, ja, ja ); luego, pedir una película de tu blog creo que es mucho pedir por ahora; pero un libro yo creo que es factible, tu blog devería convertirse en un libro. Y no soy el unico que piensa así, en un articulo anterior el gran escritor chimbotano Oscar Colchado te lo sugirió. Y el maestro Oscar es una autoridad en estas lides, de verdad seria muy bueno, no solo se registra la historia de Chimbote, sino que para nosotros mismos seria una forma de enseñar a nuestros hijos de donde venimos.

    Con respecto a Dorothy, el consejo de Rolando Lucio me parece perfecto, agregaré que eran otros tiempos, con otras oportunidades y que en su momento tu sabras explicar con creces.

    Un Abrazo de pelicano de los ‘70s 
    MARCO ARROYO

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  5. Óscar Colchado Lucio29 de marzo de 2011, 18:37

    Muy buenos recuerdos, querido Eduardo. Me hace recordar cuando yo también esperaba junto a otros que abriesen el portón del estadio y entrábamos al segundo tiempo. Pero una vez, muchas personas nos trepamos al muro que daba a la avenida Industrial, y cuando ya estábamos arriba, vimos que al otro lado estaban los guardianes cuidando para no saltar. Sin embargo, nos contentábamos con mirar desde allí. La parte alta del muro practicamente se llenó. Abajo de nosotros, en la parte de atrás, había mucha gente que quería subir también, mas como no había espacio, empezaron a empujar. Eran muchísimas personas haciendo fuerza a la muralla, hasta que cuando calculé que se venía abajo, yo me zampé al estadio. Lo mismo hicieron los demás. En ese momento, el muro se vino abajo y, entre la polvareda, se zamparon cientos de personas, sin que los cuidadores pudieran hacer nada.

    Un abrazo y hasta pronto.

    Óscar

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  6. Victor Nolberto Unyén Velezmoro29 de marzo de 2011, 21:05

    Eduardo,
    un pasaje deportivo de ese ayer que siempre evocamos, que tenemos en las retinas y guardamos en el corazón; la década del setenta, luego del terremoto nos levantamos para cosechar lauros.
    Victor Nolberto Unyén Velezmoro

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  7. Pedro Wilfredo Haro Diaz30 de marzo de 2011, 20:06

    Hola Lalo,
    Te cuento de las zampaderas, en las decadas del ’50 y ’60 siempre existieron, eran por las paredes bajas (también por las palomillada de la gente), te cuento que el estadio Vivero Forestal tenía un cerco de adobe y ladrillo blanco. La parte norte, este y sur eran de adobe y la parte oeste era de ladrillo blanco. Siempre existieron guardianes con chicote y piedra en mano, llegaba el momento en que los zampones y los guardianes entraban en guerra, y las piedras a veces le caían a los espectadores.
    Pedro Haro Diaz

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  8. Pedro Wilfredo Haro Diaz30 de marzo de 2011, 20:09

    Algo más sobre las zampaderas.
    Cuando un equipo estaba para la baja (a segunda división) los hinchas tumbaban la pared norte, carretera Industrial, en ese tiempo no existía el coliseo Paul Harris , el terreno era en forma de ladera y como era de adobe era fácil de tumbarlo.
    Los representantes de los equipos se reunían los lunes en el segundo piso del Mercado de la calle Gávez, y buscaban soluciones para que el campeonato continuara. A la parte destruida del cerco del estadio le ponían maderas o quemaban llantas para que asi no entraran los zampones y tampoco puedan ver por el humo.
    Pedro Haro Diaz

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  9. Pedro Wilfredo Haro Diaz30 de marzo de 2011, 20:28

    Lalo:
    Te sigo contando. En esa época no había camerinos, cada equipo tenía su lugar para cambiarse, por ejemplo: América de Samanco y Bolivar se cambiaban en la parte sur. Deportivo Chimbote, Marítimo, y Manuel Rivera en la aparte oeste. El Strong Boys en la esquina de la cancha entre oeste y norte. Lolo fernandez en la parte norte. Además la puerta de entrada era solo una y de salida eran dos, despues hicieron una puerta de entrada en la parte norte de la carretera Industrial, casi en la parte de la esquina con destino a La Baldoza.
    Otra cosa. Dentro del estadio cada anticuchera vendía cerveza y gaseosas, se ubicaban en la parte oeste y sur, a veces por la tribuna este (en la parte alta), pero cuando había goles los espectadores que estaban sentado con ladrillos o llevaban sus sillas, o bancas portatiles, levantaban la arena y debido al polvo las anticucheras perdían su negocio.
    Aparte de ello, la verdad todo era un vacilon, todos los espectadores regresaban a casa con arena en la cabeza.
    Pedro Haro Diaz

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  10. Pedro Wilfredo Haro Diaz30 de marzo de 2011, 20:32

    Acá hay un dato interesante.
    En esa epoca había un policia municipal que se llamaba Don Antonio, metía palo y era más respetado que los mismos policias de la Guardia Civil. Por ejemplo, para comprar una entrada en los cines, este señor te hacía formar cola, caso contrario te metìa palo. En el estadio lo respetaban, era un señor blanco, hablador, bien respetuoso y no le gustaba la indisciplina. Incluso se desempeñaba como árbitro. Era un artista educado y respetado. Al no haber tribunas los espectadores se metían a la cancha y no dejaban ver el partido, ahí entraban a tallar los guardianes y don Antonio.                                
    Esta información es parte de la historia vivida por mi propia persona.
    Me despido.
    Pedro Haro Diaz

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  11. Pedro (Con la venia de Eduardo Quevedo):
    Excelente remembranza de todo un personaje como don Antonio, el perfil que ha desarrollado es el correcto, al que agrega su desempeño como árbitro, sobre esto ultimo deseo comentar una anécdota peculiar.
    Antes del terremoto, el barrio San Pedro tenía uno de los mejores campeonatos de fútbol, en cierta oportunidad llegó don Antonio para arbitrar un encuentro entre Municipal y Juventud San Pedro, al terminar el primer periodo, el elenco de Municipal perdía por dos tantos a cero, antes de reiniciar el segundo tiempo, don Antonio convocó al capitán de este elenco, en medio del campo le indicó, "cambia el sistema, juega con un 4-2-4".
    Por lo tanto, a los oficios bien mencionados por el Señor Haro, habría que agregar también el de ocasional entrenador.
    Dado que el personaje en mención tuvo presencia activa en la época que se desarrolla este blog, también puede ser motivo de una semblanza por nuestro estimado editor.
    Saludos cordiales.
    Motta.

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  12. Amigo Pedro:
    Muchas gracias por tan buenos recuerdos. Hablando sobre Don Antonio, justamente, hace un par de semanas en una de mis conversaciones transoceanicas con mi amigo Rolando Lucio, coincidíamos en el recuerdo respetuoso de Don Antonio, a quien mi generación conoció como “El Viejo Antonio”. Rolando y yo pensamos que la figura de este personaje debería ser rescatada del olvido, y pensamos también que Chimbote le debe un tributo a su memoria.
    Efectivamente, El Viejo Antonio fue el gran disciplinario de Chimbote que estuvo en todas, desde regando los jardines de la plaza de armas, hasta oficiando de referee en encuentros del estadio y barrios de nuestro puerto.
    Eduardo

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  13. Luis Fernando Collantes Díaz6 de abril de 2011, 04:49

    HOLA EDUARDO:
    LA VERDAD TU RELATO ME RETROTRAE A LOS AÑOS SETENTA, TAN INTENSOS PUES ES HABLAR DE NUESTRA PRIMERA JUVENTUD. TAMBIEN PARTICIPE DE LAS “ZAMPADERAS” CON CASI TODOS LOS DETALLES QUE RELATAS. LOS SETENTA FUERON PARA MI MUCHO MAS, COMO TU SABES Y RECUERDAS.
    FUERON LOS AÑOS DE LAS PRIMERAS “COSTILLAS” Y DE LA EFERVESCENCIA ESTUDIANTIL DE LA QUE TU TAMBIEN PARTICIPASTE, AUNQUE CREO ESTABAS EN TU PRIMERO DE SECUNDARIA.
    FUERON AÑOS HERMOSOS, LA VERDAD HAS HECHO QUE EVOQUE OTROS RECUERDOS RELACIONADOS A VIVENCIAS CON MI FAMILIA Y LA “COLLE” DEL COLEGIO.
    OJALA EN LA PROXIMA PUEDA HACER UN COMENTARIO MAS AMPLIO SOBRE ALGUN OTRO TEMA ESPECIFICO. ME PARECE MUY BIEN LO QUE HACES, TE FELICITO. SALUDOS Y ABRAZOS.
    FERNANDO.

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  14. Recordado Fernando:
    
Motivo de especial alegría tenerte por este Rincón de los Recuerdos. Efectivamente, para nosotros los ‘70s fueron algo especial. Fueron los años de las “Zampaderas”, fueron los años de la primeras “costillas” (enamoraditas), y fueron también los años del movimiento estudiantil social en Chimbote. Tu fuiste uno de los líderes de ese movimiento, y de las jornadas de Mayo y Junio de 1973. Increible, yo tenía 13 años de edad y ya estaba lanzando mis primeras “Molotovs”, tiempos que ya no volverán.
    
Te recuerdo como un joven y gran luchador social.

    Eduardo

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  15. Jenry Alex Hidalgo Lama23 de abril de 2011, 05:32

    Un baúl de recuerdos bellos. Chimbote y sus representantes unidos en un sentimiento de crear vacios en su equipo competidor e inflar sus redes y luego la algarabía de un pueblo que surgia níveo como sus olas del mar.
    Una joya online para llorar y refrescar lo vivido por los viejos e ilustrar lo que es la verguenza deportiva a los jovenes.
    La historia es sentir y escribir el dolor de lo fugado con los días y los años. Un apunte histórico del futbol de Chimbote es un jironcito de historia que nos lleva atras en el almanaque pero que empaña nuestros ojos de puro sentimiento.
    Gracias amigo por tu empeño y ganas de digitar la historia del Gálvez, propiedad de de este bello puerto, que imagino, te alojó algún día.
    Jenry Alex Hidalgo Lama

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  16. Josë Luis Murillo Chinchayán18 de mayo de 2011, 05:35

    Hola Eduardito.
    Tu narración de las zampaderas es tan idéntica a las modalidades que tuve de ingreso al Vivero Forestal.
    Mi recorrido era por la linea del tren pasando por la Balanza, doblando hacia la izquierda y al estadio, este recorrido siempre lo hice solo. Cuando tenia que ir al ver a nuestro equipo el José Gálvez,mi modalidad de ingreso era con una persona mayor ,pero se daba el caso que algunas veces no se podia.
    Nunca busqué ingresar al estadio por un hueco hecho en la pared,si no que pasaba justamente por alli y todos se metian corriendo y yo
    aprovechaba el panico y tambien me zampaba corriéndome hacia la gente para camuflarme. Lo mismo que subir por la pared con las sogas con nudos que ya estaban ahi. Lo mas dificil como lo señalas, fue el ingreso por el Paul Harris,por la pared paralela,efectivamente era mas peligrosa por el salto y la altura,pero ya estabas alli ,no habia retroceso; gracias a Dios no recuerdo a Barrabás,esa zampada solamente lo hice una vez.Razón por la cual puedo dar fé a la veracidad de tu narración por haberlo vivido , nadie en mi casa lo sabia,hasta ahora que luego de leer tu narración se lo conté a mi hermana Marleny y a mi mamá que sorprendidas me escuchaban. No se equivocó mi madre al “deportarme” al poder de mi padre que vivía y trabajaba en Lima. Todos estos acontecimientos fueron antes de abril del 71 que vine a la capital.
    Gracias Eduardito por toda la labor que vienes realizando.
    Un abrazo y muchas felicidades
    José Luis

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  17. Me parece fabuloso como narras y describes todas tus vivencias. Me encantó, y para tu hija ya sabes se sentirá orgullosa de tener un papá que a pesar de las circunstancias se abría paso para disfrutar del deporte que es una via sana de crecer. Felicitaciones por compartir de esta manera parte de tus experiencias.
    Isbel

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  18. Isbel:
    Muchas gracias por tus palabras. Bienvenida a este Rincón de los Recuerdos, y esperamos seguir contando con tu compañía.
    Un abrazo,
    Eduardo

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  19. MANUEL NAVARRO LAZARO3 de diciembre de 2011, 09:10

    En verdad al leer esta historia me remontó a esos años vividos tan hermosos que hemos pasado, en verdad yo pasé lo mismo que tú y te cuento que un tiempo algo antes cuando los partidos se realizaban en el famoso "MARACANA" (que se ubicaba entre las guineas de lo que hoy es el colegio "LA INMACULADA"), pues ahi no teniamos que "zamparnos" para espectar esos bonitos encuentros.

    Estoy muy orgulloso que un Chimbotano como tú escriba estas lineas que al leerlas nos traen nostalgias y nos hacen derramar algunas lagrimas de emoción y satisfacción por haber participado de estas vivencias. Yo soy una persona que siempre me gusta comentar de historias del fútbol de Chimbote ya que he conocido a grandes deportistas que han sabido llevar a lo mas alto el honor del Fútbol de nuestro querido Puerto.

    Te pido que en tus crónicas comentes sobre otros equipos que han participado en los torneos de Futbol desde los años 50 por que cuando en los diarios y revistas deportivas resaltan aniversarios ó historias deportivas no señalan a estos clubes que también estuvieron a la altura de los emblematicos "JOSE GALVEZ" y "SIDERPERU". Me gustaria que editaras una revista Deportiva y que lleve por nombre "EL FUTBOL CHIMBOTANO A TRAVEZ DE LOS TIEMPOS".

    Un admirador tuyo que sin conocerte se siente TU AMIGO. HASTA PRONTO. Un saludo para tu hija Dorothy Elsa y demas familiares.
    MANUEL

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  20. Manuel:
    Muchas gracias por enriquecer este artículo con recuerdos de tu propia cosecha. Gracias también por tus palabras cálidas y generosas.

    Acá te dejo mi correo para que me escribas y podamos intercambiar recuerdos y puntos de vista: edquevedo@yahoo.com
    Un abrazo,
    Eduardo

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  21. En verdad tambien me traen buenos recuerdos por que yo tambien participé en las "zampaderas". Recuerdo por los años de 1968 y 1969 cuando venian a jugar amistosos varios equipos profesionales de Lima como el Alianza, la U, Sport Boys, Dptvo. Municipal. Cuando se enfrentaban mis dos equipos queridos Galvez y Alianza se me partía el alma.

    Yo tenia de 13 a 14 años y me colocaba atrás del arco de Cheva Mantilla, para mi el mejor arquero que tuvo nuestro querido Jose Galvez para verlo tapar, era extraordinario. Cuando cambiaban de arco iba hacia el otro extremo. Recuerdo que al empezar el partido y en el entretiempo corría por todo alrededor del campo un señor solo con truza y una pluma en la cabeza, al final le dábamos su propina. Tambien recuerdo a nuestro querido amigo el popular "Riquito" que vendia unos dulces exquisito "churros".

    Hermosos recuerdos y tiempos que no volveran.

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    1. Amigo "Anónimo":
      Si gustas déjame tu nombre para incluirlo junto a tu hermoso comentario. Indudablemente que has vivido esa época y tienes un baúl de recuerdos que contar. Te dejo mi email para que me envies tu nombre: edquevedo@yahoo.com
      Un abrazo, Eduardo

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  22. Mi estimado Eduardo, qué te puedo decir después de leer lo que también ha sido parte de mi vivencia, como la de muchos chimbotanos de esa época, solo FELICITACIONES, felicitaciones por recrear parte de nuestra vida, por hacer conocer a los jóvenes de hoy todas las peripecias que tuvimos que hacer para disfrutar de nuestro deporte favorito. Hay también muchas anécdotas que sucedieron que voy a describir más adelante.

    No siempre la falta de dinero nos hacía emplear la modalidad de ingreso al estadio con un mayor, sino que muchas veces lo hacíamos para aprovechar la propina que nos daban nuestros padres. Era, como se dice en el argot criollo, un recurso para disponer de dinero y gastarlo en otras cosas como la rica causa o el famoso budín del inolvidable "Riquito", aquel señor menudo, hincha acérrimo de José Gálvez, cuyo lema era "uno para cada uno". Quiero dos "Riquito": no se puede, sólo uno para cada uno, lo recuerdas?

    Por otro lado, las paredes del estadio que colindan con el Vivero Forestal no tenían más de tres metros de altura, pero por dentro era el doble, por lo que -para mayor seguridad- preferíamos subirnos y sentarnos en el borde de la pared para -piernas colgadas- ver los partidos de fútbol, y digo partidos porque en aquellos años habían varios encuentros preliminares antes del partido central. Una anécdota de esto lo describo en el item "Deporte" del artículo Historia de Chimbote, con ocasión del Alianza-Gálvez. Otra anécdota es que un amigo estaba escalando la pared cercana al Paul Harris y en ella se encontró con alguien muy conocido y muy familiar ... su padre. No sé si también recordarás cuando una de esas "tribunas" informales se vino abajo debido al excesivo peso y lo artesanal de su construcción. Cosas del pasado y de las zampaderas mi querido Eduardo.
    Papi Sánchez

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    1. Papi:
      Muchas gracias por tus palabras. Inolvidables recuerdos y sabrosas anécdotas las que aportas a través de tu comentario. Desde luego que recordamos a "Riquito", tenemos una nota acerca de este personaje en el capítulo: Personalidades que Hicieron Historia.
      Un abrazo Papi, siempre un placer tenerte por acá!!
      Eduardo

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  23. Estimado Eduardo:

    Leyendo a los amigos que hacen comentarios anteriores me hacen recordar a ese señor que jamás faltó a un evento deportivo en el Vivero Forestal y luego estadio de Chimbote. El Viejo Antonio, como cariñosamente lo llamámabos, era un tipo más o menos bajo, blancón, manos en el bolsillo, mirada huraña y con un genio de los mil demonios. Honor a este gran señor,parte importante no sólo del deporte en Chimbote sino de la cultura de nuestra ciudad. Abrazos amigo

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